Denominación turística «slow» por sus humildes riquezas | Bubión

La fama precede a Bubión, que desde hace años es uno de los Pueblos Más Bonitos de España. Ahora, sus humildes riquezas han permitido su ingreso en la selecta lista de Cittaslow, una red de municipios que comparten el amor por las tradiciones, la sencillez de las formas y la singularidad frente a la homogeneización que conlleva la globalización. En suma, la calidad de vida que ha valorado la Asociación Cittaslow para dar su visto bueno a una decena de municipios españoles singulares que se suman a los 200 que hay en todo el mundo.

 El silencio ensordece a los oídos habituados al mundanal ruido. A los atascos, a las aglomeraciones, al estrés, a las prisas. Sin pausa, todo ocurre más despacio en Bubión: los árboles centenarios, el humo al escapar de las chimeneas, los paseos sin pretensiones al atardecer o la maestría con la que los últimos agricultores del lugar labran fértiles tierras ancestrales, regadas por las acequias milenarias que recogen las aguas de Sierra Nevada. Pueblo alpujarreño de cultivos y ganado, de sosiego y rebelión, este municipio de Granada preserva las reminiscencias de otro tiempo que aún resiste a sí mismo.

«Estamos contentos, nos ha costado mucho», asegura la alcaldesa, Maricarmen Pérez, satisfecha con este logro: «Es importante estar dentro para revertir la estacionalidad». Tras el arduo esfuerzo del Ayuntamiento de Bubión para cumplimentar las memorias y toda la documentación requerida, y después de que la asociación comprobara la experiencia de los usuarios, Bubión ha superado la «difícil auditoría» para convertirse en el único municipio andaluz reconocido con la denominación «slow»; lento, como al pronunciar su nombre.

Bubión, hallado a solo 70 kilómetros de la capital y encajado en el Barranco de Poqueira entre los municipios de Capileira y Pampaneira, se eleva a 1.300 metros de altitud sobre el nivel del mar Mediterráneo, divisable desde este rincón de la Alpujarra granadina que a la vez permite observar la cara sur de Sierra Nevada. Un lugar en el que los moriscos se rebelaron hace siglos, repleto de historia, cultura y leyendas, donde la magia es real, como saben quienes visitan este pueblo de 300 habitantes orgullosos de un pasado que tratan de conservar pese a la enorme deuda municipal y el olvido institucional.

Otro Bubión

Quizás quede algún burro, vestigio de unos modos que ahora son otros. Agotada la construcción, en un contexto general de despoblación rural, el turismo se ha convertido en el sector más importante de la localidad, que cuenta con su propio un museo de costumbres. La mayoría de los pocos negocios de Bubión giran en torno a las demandas de los viajeros: deportes de aventura, artesanía, infinitas rutas a caballo o gastronomía oriunda, sintetizada en el plato alpujarreño, cuyos sabores invitan al recuerdo de los días de matanza o a las parvas de trigo si el perol es de migas.

Los cerros que sitian el barranco devuelven los ecos de que lo fue Bubión: una residencia para los meses de invierno. Frente al pueblo, las estrías de una titánica montaña delatan vestigios de bancales antaño cultivados y dispersas cortijadas para los veranos que se encuentran hoy en estado de abandono y a la espera de que en algún momento la inflexible burocracia, también lenta, permita la consolidación de los carriles que permitirían hacer habitable una zona coronada por un templo budista. Bubión, por tener, hasta un reencarnado niño lama que alcanzó notorierdad mundial y colgó el hábito hace pocos años.

Bubión cuenta con unas 800 plazas de alojamiento repartidas en casas rurales que se rigen por su arquitectura tradicional, deudora del urbanismo islámico y de las limitaciones de una zona históricamente deprimida, con calles estrechas y humildes construcciones sin tejado fundemantadas en materiales básicos, como madera y pizarra oculta bajo el manto blanco de Sierra Nevada. Este tipo de piedra está constantemente presente en solerías y en las propias estructuras de los muros encalados, en contraste con las coloridas jarapas que cuelgan en sus puertas: las cortinas arquetípicas de la Alpujarra.

Fuente: abc

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